Karukinka

Tierra del Sur, patria de los Selknam, quienes la habitaron por 9.000 años, hasta ser "descubiertos", allá en lo que luego se llamó Tierra del Fuego...

Monday, December 05, 2005

I - Un viaje Sorpresivo

I.

Jamás resulta sencillo ubicar el comienzo de un relato. Visto con perspectiva, todo hecho responde, al fin, a una variedad infinita de causas, entre las que arbitrariamente elegimos éstas o aquellas, según se nos ocurra que poseen mayor peso o entidad, aunque raramente estén del todo claras las razones.

En el presente caso, pues, pasaré por alto mi propia historia temprana, aunque muchas veces he vuelto a ella buscando algún rastro, una leve señal que presagiara los hechos que relataré aquí. Tal vez un rasgo de carácter, una experiencia pueril, que reinterpretados a la distancia insinuaran una posible explicación. Claro que tras un tiempo de práctica he caído en la cuenta de que, con la adecuada disposición intelectual y emocional, hasta el más trivial acontecimiento adquiere dimensión profética. De forma tal que ha sido finalmente necesario descartar la infinidad de menudencias que hallara antes tan plenas de significados ocultos y suponer -a modo de hipótesis provisional, que los hitos de nuestra existencia no se hallan iluminados por ningún sentido ni propósito, que transcurrimos en un remolino de aconteceres que nos abofetéan o nos acarician sin más razón que el capricho de un destino que desprovisto de cualquier elemento teleológico.

En consecuencia, situaré el comienzo de esta historia, más convencionalmente, en el momento en que me fue encomendada una nota en la Tierra del Fuego.

Corría por la ciudad y por mis venas la primavera de 192-- .- El Secretario de Redacción me convocó ceremoniosamente a su depacho para congratularme con engolada falsedad por haber sido seleccionado, "desde arriba!", enfatizaba, elevando el índice hacia el techo, hacia los mágicos pisos superiores habitados por el Presidente y los miembros del Directorio, "en mérito de sus naturales talentos, sí, de sus naturales talentos" … de los que ya había hecho gala en dos misiones anteriores, para realizar una serie de artículos sobre la colonización de Tierra del Fuego. La excusa era el cincuentenario de la Misión Anglicana en Usuahia, que se celebraba la semana siguiente. Cubierto este evento, de gran interés para el Director, el periódico estimaba conveniente aprovechar la visita del cronista para elaborar entre 3 y 5 artículos sobre la situación actual y el pasado histórico del territorio. "Desde los confines del mundo... blah blah blah" me ilustró, impostando dramáticamente la voz.

Cuando uno es joven, todo puede ser una aventura, aún cuando carezca de los mínimos ingredientes generalmente considerados necesarios. Y en el caso, nadie puede dudar que éstos sobraban. Por ello, pasé por alto la curiosidad que despertaría en cualquiera el súbito interés del periódico por un sur tan lejano a sus intereses, como también el hecho de que nadie en la redacción consideraría seriamente aceptar una misión de tales características. También elegí ignorar las posibilidades reales de sufrir un shock cultural en mi persona fundamentalmente urbana y nocturna y, fundamentalmente, el dolor que significaría interrumpir, quizás para siempre, el tórrido affaire que durante los últimos meses sostenía con la hija del Director.

Apenas tuve tiempo de despedirme de algunos amigos, dar mis respetos protocolariamente al Bar XXX y prometer escribir intensamente a mis compañeros de tertulia acerca del viaje. Ya en camino, con el equipaje indispensable y los viáticos cuidadosamente distribuidos por mis pertenencias me entregué de lleno a un estado de ensoñación en el que el viaje que emprendía se me presentaba como la piedra fundante de un vida plena de éxitos y fortuna.

Dí la espalda a la extensión infinita de la pampa que se desplegaba hacia ambos lados del tren, alternando la lectura de la Historia de la Patagonia con una meditación exaltada y fantasiosa. Tal vez escribiría un libro de viajes, contando minuciosamente mi visita a tan extraños parajes, enriqueciendo la dura existencia de los pioneros con la mirada burbujeante y aguda del intelectual porteño, quizás encontraría la inspiración para una corta nouvelle, posiblemente una serie de ensayos costumbristas, el tiempo y las musas lo dirían. Sea lo que fuer, no podía reprimir la certeza de que grandes oportunidades se pondrían al alcance de mi mano, y sólo me quedaaba tomarlas.

Los viajes despiertan la mente, agudizan la observación, liberan la imaginación de forma notoria. Recuerdo haber anotado detalladamente las sensaciones y los pensamientos que sin interrupción fluían por todo mi ser. Durante aquél viaje elaboré los primeros lineamientos de lo que sería un aporte teórico a la cuestión de la creatividad. Mi hipótesis sostenía que el tránsito entre un punto y otro nos libera del determinismo de lo cotidiano. Escapamos brevemente de “la vida” que transcurre en nuestro lugar de residencia. Como si el movimiento del tren nos situara en un lugar fuera del tiempo y desde allí, sin la carga de realizar las repetidas mociones de la rutina de todos los días, adquiriéramos una perspectiva, una lucidez diferente, descentrada. Visualicé a Einstein intuyendo la teoría de la relatividad en el breve encuentro de dos trenes cruzándose por la pampa y con la prepotencia de la ignorancia me sentí un sabio, un filósofo, un científico de lo humano, a pasos de una comprensión de carácter universal. Sentí una piedad infinita por todo lo existente y una exultación que me llevó en andas hasta la resaca del desierto patagónico.

Allí, frente al vacío azotado por los vientos creí ingenuamente descubrir la profundidad de la nada. Pude comprender la desazón del mal du siécle, el dolor inconmensurable de la tragedia, supe a qué se refería Rubén Darío con aquello de “no saber adónde vamos... ni de dónde venimos”. Ninguno de estos estados me impidió tomar cuidadosa nota de mis impresiones aunque, releyéndolas luego me percatara de la necesidad de tomar más distancia al contarlas para evitar los excesos adjetivales, el abuso de los adverbios y otras faltas de estilo consecuencia del estado emocional.

Al fin, enriquecido por las experiencias vividas, algo entumecido por las jornadas transcurridas a bordo del tren, llegué una gélida madrugada a mi destino. Las luces de Buenos Aires eran un lejano y nostalgioso recuerdo, me embargaba un espíritu explorador, pionero.

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